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El canto de las ballenas -Dyan Sheldon

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La abuela de Lili comenzó así su relato: “Hace tiempo, había ballenas en los océanos. Eran tan grandes como colinas y pacíficas como la luna. Eran las más extraordinarias criaturas que jamás podrías imaginar”. Lili saltó sobre el regazo de su abuela. “Me sentaba al final del muelle a esperarlas. A veces me quedaba allí durante todo el día y durante toda la noche, hasta que de repente las veía llegar desde muy lejos. Avanzaban danzando a través de las aguas.” “¿Y cómo sabían que tú estabas ahí?”, preguntó Lili,”¿cómo te encontraban?” La abuela de Lili sonrió. “Ah, tenías que llevarles algo especial. Una caracola o una piedra de formas perfectas. Y si tú les gustabas, las ballenas aceptaban tu regalo y te daban algo a cambio.” “¿Y qué te dieron, abuela?”, preguntó Lili, ¿qué has recibido tú de las ballenas?” La abuela de Lili suspiró. “Una o dos veces”, le susurró, “una o dos veces las oí cantar”. En ese momento el tío Federico irrumpió en la habitación. “¡No eres ...

Mi padre es capitán - Olga Xirinacs

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Flora decía que su padre era capitán. Flora tenía seis años, y desde que nació, la llevaban al puerto a ver a su padre en el barco. Otras veces era su padre quien volvía a casa para quedarse unos días. El padre traía barquitas de madera para jugar y cajas hechas de conchas y caracolas de nácar para adornar la casa. Tenían una gran caracola, de ésas que se acercan al oído y parece que se escucha las olas de la playa. El barco de su padre era rojo y negro, y Flora lo veía altísimo. Se llamaba Roma y llevaba montañas y más montañas de cuerda tan ancha como   los brazos de un hombre, todas bien enrolladas. Tenía chimenea, banderas y   una sirena con un pitido tan fuerte que lastimaba los oídos. Había salvavidas, lanchas y grúas, y siempre estaba dispuesto a salir, a punto para cualquier aventura. Por dentro era como una casa, con su cocina y literas para los marineros. Tenía una salita con televisión y allá se metían ella, Isidro y su madre cuando iban a ver a su ...

El pequeño ogro y la princesa – Alberto Melis

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Había una vez un ogro terrible que se llamaba Malú y que vivía en una tenebrosa cueva… Bueno, en realidad, no era un ogro tan terrible. Se trataba,más bien de un pequeño ogro muy joven, tan bello como el sol y tan delicado como una flor del bosque. Y, por supuesto, tampoco vivía en una tenebrosa cueva: vivía en una casita azul, rodeado de verde hierba. <<¿Cuándo te vas a decidir a convertirte en un ogro como es debido?>>, le decían los demás ogros. <<¡Ven con nosotros! ¡Te enseñaremos a cazar conejos y liebres, puercoespines y cervatillos!>>. Pero Malú no quería saber nada de cazar aquellos pobres animales. Por eso, los demás ogros, para hacerle cambiar, fueron a pedir ayuda a una bruja malvada, que, con un hechizo convirtió al pobre Malú en un hurón. Después, los demás ogros lo obligaron a trabajar como su criado.  <<¡Quita el polvo de los muebles, barre por aquí, friega los platos!>>, le decían, antes de irse a cazar. De modo q...