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Mostrando entradas de 2022

Feliz Navidad

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  Os deseo a todos los que me leéis desde que abrí el blog, unas felices fiestas, feliz navidad y próspero año nuevo si no vuelvo en un tiempecito. Que tengáis mucha salud, mucho amor, y muchos regalos de Papá Noel :) 

Villancicos de navidad de Mickey Mouse

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Adelarius Baltavieja y el alcalde de Marmaburgo

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 Adelarius Baltavieja era uno de esos magos que, durante toda su vida, había utilizado la magia para hacer reír y entretener. Viajaba de pueblo en pueblo por el pais de Dirm, con su pequeña carreta, su perro Saltador y su mula Mara. Gracias a su magia y a su pequeño teatrillo que cargaba en su carreta, era capaz de hacer aparecer imágenes muy reales mientras contaba sus historias de duendes, magos, caballeros y hazañas prodigiosas.  Su magia de ilusión era tan real que los niños y sus padres siempre lanzaban suspiros de asombro, o de miedo, o de ternura, cuando hacía aparecer a sus protagonistas. A Adelarius le gustaba ver reír a los más pequeños, o asustarse cuando aparecía el dragón. Y al final del día día, todos los niños de cada pueblo por el que pasaba le tenían gran aprecio por sus historias. Un día, llegando al pueblo de Marmaburgo, se dio cuenta de que había una inmensa niebla que lo rodeaba. Al entrar, comprobó que casi todas las personas caminaban e iban de aquí para allá sin

Ozzy

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La madre del saúco –Hans Christian Andersen

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Una vez era un niño que se resfrió, porque salió de casa y se mojó los pies. Nadie adivinaba como pudo mojarse con el tiempo seco que reinaba. Su madre lo desnudó, lo metió en la cama y pidió la tetera para hacerle una buena taza de flores de saúco, que es muy bueno para entrar en calor. En aquel momento, entró un viejecito muy simpático que vivía solo en el piso más alto de la casa. Llevaba una vida solitaria porque no tenía mujer ni hijos; pero quería mucho a los niños de los demás y sabía explicar tantos cuentos de hadas e historias que era un placer escucharle. -Anda, si te tomas la infusión –dijo la madre-, acaso te contará un cuento. -Veremos si sé alguno que no lo haya oído –asintió el viejecito, sonriendo-. ¿Pero cómo se ha mojado los pies este chico? –preguntó. -Eso digo yo –contestó la madre-. Nadie lo entiende. -¿Me va a contar un cuento? –preguntó el niño. -Sí: pero antes me has de decir qué profundidad tiene, aproximadamente, la cuneta del callejón de l

Caer de su asno –Gianni Rodari

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Un día, un buen hombre andaba montado en su borrico y, al pasar junto a un jardín, vio una rama que colgaba de la verja sobre el sendero y que estaba llena de unas peras estupendas.  Bastaba mirarlas para no resistir la tentación de darles un mordisco. Alzándose un poco sobre el lomo del borrico, el hombre aferró la rama con una mano y, con la otra, la pera más hermosa. Pero no tuvo tiempo de arrancarla, porque el asno, espantadizo, quién sabe por qué se asustó y escapó al galope. Para no caerse, el hombre tuvo que sostenerse agarrado a la rama con las dos manos. Mientras se mantenía suspendido de aquel modo, pataleando, acudió el jardinero y le preguntó: -Eh, tú, ¿Qué haces subido a mi árbol? -Amigo, tal vez no me creas, pero me he caído del asno. El jardinero no podía creer que alguien pudiese caerse a esa altura. Cogió una vara y le propinó una buena tunda. También vosotros debéis estar atentos: hay maneras y maneras de caerse de un asno.

Pinocho

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El hombre que no podía crecer –Gianni Rodari

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Había una vez un hombre que vivía cerca de un pantano y que medía sólo cuarenta y cinco centímetros. Confiaba en que iba a crecer, pero no crecía nada. Cuando se cansó de esperar, decidió pedir consejo a seres vivos más altos que él y habló primero con el caballo: -Amigo caballo –le dijo-, ¿Cómo puedo hacer para volverme tan grande y corpulento como tú? -Es fácil. Debes comer muchos cereales, sobre todo de avena, y correr todo el día. Verás como, en menos de una semana, crecerás tanto como yo. El hombrecito de cuarenta y cinco centímetros de altura volvió a casa y, durante un mes, siguió con la receta que le había dado el caballo. Sólo comía cereales, sobre todo avena, y no hacía más que correr durante todo el día. Pero crecer, no crecía. Todos los cereales le pesaban mucho en el estómago y le dolían las piernas de tanto correr. Entonces pensó en pedirle consejo a algún otro y se fue a ver al buey. -Amigo –le dijo-, ¿Qué debo hacer para volverme tan grande y corpulento

El Grinch

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El increíble viaje de Panda

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 Un oso panda pequeño y juguetón vive con su mamá en lo alto de un árbol, en medio de un bosque de bambú. Cada mañana, el osito da una voltereta deslizándose por la suave y ancha espalda de Mamá. -¡Uuuuh, me haces cosquillas en la barriga! -grita Panda, que disfruta mucho con ese juego.  -Seguro que esa barriga ya ha empezado a rugir, ¿verdad? -dice su mamá bostezando, mientras parte un trozo de bambú con una garra-. Es importante que comas y te hagas muy grande y fuerte; así podrás defenderte tú solo. Después de desayunar, Panda juega al escondite ocultándose tras las altas cañas de bambú. Y se esconde tan bien que ya ha empezado a tener hambre un poco antes de que Mamá le diga: -¡Ya puedes salir! Es hora de comer. Después de comer, Panda y su mamá se revuelcan sobre las hojas de los árboles, y Mamá le hace cosquillas en la barriga hasta que él ya no puede más de tanto reírse. -¡Hic! -repite sin parar. El hipo les hace reír tanto que los dos acaban en el suelo, tumbados boca arriba. Y

Angry Birds Blues

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Lo que hace mi marido bien hecho está –Hans Christian Andersen

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Voy a contaros un cuento que oí cuando yo era niño . Cada vez que lo recuerdo me gusta más, pues a los cuentos les pasa lo que a algunas personas, que cuantos más años tienen, mejores son, lo cual no deja de ser una suerte. Alguna vez habréis estado en el campo, supongo, y habréis visto una vieja casita con tejado de paja cubierto de musgo y de juncos.   En lo alto del tejado hay un nido de cigüeñas, pues sin la cigüeña no tendría gracia. Tiene las paredes abombadas, las ventanas pequeñas, y hasta hay una que se abre. El horno sobresale de la pared como la barriguita de un niño. Un sauco crece al lado de la cerca, y a dos pasos de la puerta hay una charca en la que chapotean una pata y sus patitos, bajo un viejo sauce rugoso. No falta en el patio un perro guardián que ladra a todos los que pasan. Pues bien, en una humilde casita como esta vivía una pareja de abuelos: un labrador y su mujer. Aunque tenían tan poco, aún podían prescindir de una de sus propiedades: un caba

Khumba

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Rumplestiltskin

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 El padre de Edora era un molinero que se pasaba todo el día fantaseando, diciendo que su hija era capaz de grandes cosas que no era. A veces decía que su hija había viajado por todo el mundo, otras que había escalado las montañas mas altas y había descendido a las cuevas más profundas. Edora le decía una y otra vez a su padre que no debía inventar esas cosas sobre ella  porque realmente no eran verdad. Además ella quería ser valorada por sus propios méritos y no por los que su padre se inventase.  Sin embargo, él seguía contando aventuras imposibles y, cuando los aldeanos le preguntaban <<¿Realmente viste al dragón del arcoíris?>> o <<¿Es cierto que buceaste junto a las sirenas de Mar Escarlata?>>, ella siempre decía lo mismo: -No hagáis mucho caso a mi padre, fantasea demasiado.  Así se pasaba el día, desmintiendo todo lo que contaba su padre a  los clientes que venían en busca de pan o a moler el trigo en su molino.  Un día mientras ella estaba haciendo la ma