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El gato fugitivo- David R. Morgan

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Fugitivo era un hermoso gato blanco y negro que vivía feliz en la gran ciudad, llena de callejuelas tortuosas, bulliciosos supermercados y deliciosos cubos de basura donde buscar la comida. Cuando la familia de Fugitivo, los Pérez, se trasladó al campo, Fugitivo se sintió desgraciado. No le gustaba nada aquel nuevo lugar. Detestaba los árboles, los prados y los riachuelos. Una mañana, Fugitivo se sentía muy aburrido. La señora Pérez había ido a trabajar y su marido había llevado a Tomás y a Pili a la escuela. Fugitivo decidió saltar la valla del jardín para ir al prado que había detrás de la casa. Deseaba vivir una aventura de verdad. No había recorrido mucho camino cuando se encontró un mirlo que hacía malabarismos con su pico y unos guijarros. -¡Hola!- dijo el gato-. Me llamo Fugitivo y voy a vivir una aventura. -¡Hola!- graznó el mirlo-. Yo soy Piquito. ¿Puedo acompañarte? -¡Por supuesto! –contestó Fugitivo, y los dos nuevos amigos se pusieron en marcha. Poco des...

La noche- Montserrat Viza; Irene Bordoy

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Mientras dormimos, siguen pasando cosas. La vida continúa… Por la noche, los mayores pueden ir a teatro, al cine, a la ópera o a un concierto, porque de día tienen muchas cosas que hacer. A esta hora, las calles están tranquilas y silenciosas; por eso se aprovecha entonces para limpiarlas y cuidarlas. Durante la noche, se imprimen los periódicos. Así, por la mañana, podemos leer las últimas noticias. Siempre hay médicos a punto para curarnos si nos ponemos enfermos. En las panaderías se elaboran el pan y los bollos que, tiernos y olorosos, nos comeremos en el desayuno. Mientras pasa todo esto, los niños dormimos o nos levantamos para hacer pipí…   o para pedir que nos hagan compañía, porque una pesadilla nos ha despertado. Claro que, a veces, no nos atrevemos a decirlo y, para disimular, decimos que tenemos sed. Mamá, que siempre lo adivina, nos abraza y deja la luz encendida. Los que siempre necesitan tener la luz encendida son los pescadores. A esa hora de...

Una aventura con el Conejo Cejo- Cristina M. Aceña

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Cejo era un simpático conejo saltarín. Un día de primavera se encontró con todos sus amigos. Empezaron a hablar de una mágica criatura voladora llamada “mariposa”. Cejo nunca había visto una mariposa y decidió que era un buen día para empezar a buscarla. -¿Has visto alguna mariposa? –preguntó Cejo a su amigo el ratón Ramón. -No –contestó Ramón-, quizás haya una escondida entre los pensamientos. Beja tampoco había visto mariposas, pero había visto moverse algo debajo del narciso. ¿Quizás sea una mariposa? ¡Pero era el topo Dopo! Mariquita dijo a Cejo que buscara debajo del viejo cubo. Algo se movía. -Cejo, aquí no hay mariposas, -dijo Dopo-. Busca entre las campanillas. ¡Pero eran saltamontes juguetones! “Lo saltamontes son divertidos –pensó Cejo-, pero las mariposas son más bonitas”. Miró debajo de un nenúfar para ver si allí encontraba mariposas. ¡Pero encontró a la rana Saltarina! Saltarina dijo que era muy aburrido buscar mariposas, pero pensó que p...

El estanque de los patos pobres -Fina Casalrrey (Segunda Parte)

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13- ¿Quería ver a Induráin? El abuelo estaba en la cama y yo me senté allí con él. Cuando yo estoy enferma, el abuelo se sienta en mi cama y no se marcha. Y me cuenta cosas. -Ahora te voy a cuidar yo, ¿vale? Unos pocos días después de enfermar el abuelo, me parece que dos o algo así,  vino papá porque tenían que llevarlo a revisión. Esa revisión no es la de poner aire en las ruedas del coche cuando nos vamos de viaje ni nada de eso. Es que llevan al abuelo a muchos médicos para que la hagan fotos de las tripas  y muchas cosas más. Esta vez papá no me trajo regalos, ni trajo barba, ni nada. Cuando papá y mamá duermen juntos están contentos. Lo sé porque mamá hace comidas más ricas y quiere darle sorpresas a papá. Y yo la ayudo. Por ejemplo ella me dice: -No le digas a papá que hoy hay tarta de almendras. Es una sorpresa. Y cuando llega papá, yo le digo: -¡Hoy no hay tarta de almendras! Así después está más contento. Pero esta vez no estaban ...