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La mona y la tortuga –Gianni Rodari

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Una mona vivía en una isla lejana, en un bosquecillo de higueras cerca del mar. Se alimentaba de fruta y se lo pasaba muy bien. Sólo le faltaba un amigo y pronto lo encontró. Una mañana vio en el agua, no lejos de la playa, una gran tortuga que había llegado nadando desde la isla vecina. La mona arrancó enseguida un higo maduro y se lo arrojó a la tortuga, que se lo comió enseguida, y le pareció tan exquisito que no dejaba de darle las gracias. -Ni una palabra más –exclamó la mona-. Si te gustan los higos, puedo darte más. Desde aquel momento, la mona y la tortuga entablaron una amistad. La mona estaba contenta por haber encontrado a alguien con quien conversar; la tortuga, por haber encontrado a una anfitriona tan generosa y unos higos tan dulces. Por la misma época, el rey León se enfermó. Al borde de la muerte, ya nada podía salvarlo, salvo un corazón de mona que, como se sabe, cura cualquier enfermedad. El rey León prometió una abundante recompensa y un título de nobleza a ...

La sirenita –Gianni Rodari

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En una cabaña, a la orilla del mar, vivía una mujer muy pobre. Era vieja, muy vieja, y resultaba un verdadero milagro que su cabaña, aún más vieja que ella, se mantuviese en pie. Pero la pobre mujer vivía allí a gusto porque no tenía hijos y no habría sabido adónde ir. Para trabajar era demasiado vieja. No se moría de hambre porque recogía en la playa pececillos, pequeños cangrejos, almejas, todo aquello que las olas llevaban a la orilla. Cuando había tormenta, la vieja se quedaba todo el día encerrada en casa padeciendo hambre. Pero al menos estaba segura de que, acabada la tormenta, encontraría en la playa muchos peces y hasta algunos leños para encender fuego. Una noche estalló un terrible temporal. Llovía, silbaba el viento, el mar aullaba. En cuanto amaneció, la vieja salió de su cabaña. Consiguió a duras penas llegar a la playa, pues el viento soplaba cada vez más fuerte y enormes olas encrespaban el mar. Mientras recogía los pececitos, una ola gigantesca la alcanzó y...

Los tres peces: Gianni Rodari

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En una laguna vivían tres peces. Un día aparecieron en la orilla algunos pescadores y dijeron: -La laguna está llena de peces. Mañana tendremos buena pesca. Los tres peces lo habían escuchado todo. El primero de ellos pensó un poco y concluyó: -No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. El mismo día nadó cerca de la orilla, descubrió un pasadizo y se escurrió por un arroyo. El segundo pez no tenía ganas de romperse la cabeza por las palabras de los pescadores y se dijo: -Es mejor consultarlo con la almohada. Durmió y, a la mañana siguiente, se puso a buscar un pasadizo para huir, pero no lo encontró porque los pescadores lo habían bloqueado. -Las cosas se están poniendo muy mal –dijo el pez-. Pero mientras hay vida hay esperanza, lo importante es no perder la cabeza. Nadó por la superficie, se puso panza arriba y fingió estar muerto. Los pescadores lo vieron y lo arrastraron hasta la orilla, para que sirviese de pasto a los pájaros.  Después lan...

¿Quién es el más fuerte? –Gianni Rodari

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El rey es fuerte y poderoso. Nadie escapa a su poder. ¿Tal vez el ladrón? No, porque el rey ordena que lo detengan y lo mete en la cárcel.  El ladrón, sin embargo, es fuerte a su manera. Si roba un polluelo, con sólo dos dedos le retuerce el cuello. El pollo también es bastante fuerte. Si ve una polilla, se la traga de un picotazo. Pero la polilla, la pequeña polilla, se introduce en el trono del rey y comienza a carcomer la madera. Carcome, carcome, el trono vacila, se va haciendo polvo, y el rey se encuentra al final sentado en el suelo. ¿Quién es el más fuerte de todos? ¿El rey, el ladrón, el pollo o la polilla?

Por qué la paloma no sabe hacer su nido- Gianni Rodari

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Una vez la paloma fue al encuentro de la corneja, que era una buena carpintera y le dijo: -Por favor, ¿me enseñas a construir un nido? -¿Quieres saber cómo se hace? –dijo la corneja-. Presta mucha atención. Primero coges un trozo de leño y lo colocas así. -Eso ya lo sé –dijo la paloma. -Después coges otro trocito de leño y lo colocas de este modo. -Eso ya lo sé –dijo la paloma. -Después coges un tercer trocito de leño y lo pones de esta manera. -Eso ya lo sé –dijo la paloma. -¿Si lo sabes, por qué me preguntas? –se enfadó la corneja, que era buena carpintera, y se marchó volando. Así pues, la paloma no aprendió a hacer su nido y vive aún hoy en los palomares que le fabrican los seres humanos.

La niña de las redes

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Os contaré una historia real de como una niña se obsesionó con ser la más popular en las redes sociales. Vamos a llamarla Cristina. Creció en una familia modesta, no eran humildes, pero tampoco gozaban de grandes cosas. La niña creció y tuvo una infancia buena. Tenía una hermana más pequeña con la que jugaba todo el día a las muñecas, a las casitas, o a cocinar entre otras cosas. Durante su etapa de colegio no le daba importancia a las redes sociales porque era inocente, porque no buscaba ser popular en ningún lado. Pero años más tarde pasó a la secundaria, y es ahí donde se tuerce todo para cualquier niño. Para ser popular entre los niños de tu clase tienes que ser popular en las redes, tener cuenta en todas las redes, y tener obviamente un buen teléfono de última generación. Cristina para tener amigas hizo de todo. Empezó a pasar de su hermana pequeña para crearse cuentas en las redes: tenía whatsapp, Facebook, Instagram, tik tok, Snapchat entre otros. Pero la...

La muñeca de oro- Cuento mío

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En Rusia, año 1583, encontraron una muñeca enterrada en un monte lejano de la ciudad. Decían que esa muñeca estaba maldita y por eso la habían dejado tan lejos de la ciudad, justamente para que no la cogiera ningún niño. La gente mayor creía mucho en esas historias que se contaban sobre la muñeca. Pensaban que estaba maldita porque era de oro puro. Pesaba un poquito y brillaba muchísimo. Ese brillo, precisamente es él que daba miedo. Pues las historias que se contaban eran para alucinar. Decían las malas lenguas que una familia la trajo de la China, en una visita que hicieron allí. La niña que se llamaba Vika, jugaba día y noche con esa muñeca. Tenía seis años cuando cayó de un árbol porque se apoyó mal en la rama, y los padres le echaron la culpa a la muñeca. Le dijeron que no hubiera pasado eso sino fuera por esa muñeca. Era una maldición. Desde entonces siempre se hacía daño, fuera leve o grave. Hasta un día que los padres cogieron la muñeca a escondidas y la...