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Filemón y Baucis –Gianni Rodari

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Zeus, el rey de los dioses, y su mensajero Hermes descendieron una vez a la Tierra, disfrazados de pobres peregrinos. Una noche llegaron a una aldea. -Pasaremos la noche aquí –dijo Zeus-. Ve y pregunta si alguno de sus habitantes nos puede alojar. Hermes fue de casa en casa, pero sin éxito. La gente de aquella aldea era huraña, dura de corazón y no quería ni oír hablar de unos pobres peregrinos. Hermes volvió a reunirse con Zeus y le dijo que nadie quería hospedarlos. -Pero ¿has estado realmente en todas las casas? ¿No se te ha olvidado ninguna? -He estado en todas, menos en aquella cabaña situada en la colina. Allí deben de vivir unas personas muy pobres que, sin duda, no nos recibirán. -Haz la prueba, ve –ordenó Zeus. Hermes fue a llamar a la puerta de la pobre cabaña donde vivían Filemón y Baucis. Eran dos pobres viejos que carecían de lo indispensable para vivir y, sin embargo, hospedaron amablemente esa noche a los peregrinos. Incluso no dudaron en prepararles ...

El duende y el tendero –Hans Christian Andersen

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Había un estudiante, y lo era de verdad, que vivía en un desván y no tenía nada de nada. Erase un tendero que también lo era de verdad, vivía en un piso de propiedad y la casa entera era suya. Tenía un duendecillo que nunca se separaba de el porque cada Nochebuena le ofrecía un plato de potaje con una buena cantidad de manteca, que a tanto llegaba la generosidad del tendero; de modo que el duendecillo vivía en la tienda de provisiones a sus anchas. Una noche, el estudiante entró por la trastienda a comprar unas velas y queso. Como no tenía a quien mandar, fue él mismo.  Cuando tuvo lo que necesitaba el tendero y la mujer le dieron las buenas noches con un movimiento de cabeza, y eso que ella era una señora que podía hacer algo más que mover la cabeza, pues estaba dotada de una lengua como hay pocas. El estudiante correspondió con una inclinación, pero de pronto se detuvo leyendo un trozo de papel con que le habían envuelto el queso. Era una hoja arrancada de un libro anti...

Artesanía Freya

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  Buenas tardes!!  Hoy no es día de cuento, pero me paso por aqui para saber como estáis y compartir con vosotros el trabajo de una amiga. Es una chica que conozco desde hace muchos años y hace figuras con impresoras en 3D y las pinta ella. El precio ronda desde los 30€ hasta los 90€ dependiendo de la dificultad y del tamaño. Hace envíos nacionales en España e internacionales también.  Las figuras son preciosas, yo ya le hice un encargo para mis sobrinos y para mi hijo. Cualquier ocasión es perfecta para regalar una figura a algún ser querido, ya sea para un cumpleaños, un bautizo, navidades o reyes. No dudéis en contactar con ella si os gusta alguna o si tenéis alguna en mente. En instagram la encontráis como @_reizol_     Y su correo electrónico es : artesaniafreya@gmail.com Os dejo por aqui las fotos, espero que os guste, y así entre todos nos ayudamos un poco. Que tengáis una bonita semana!

¡Corre, corre, panecillo! –Arnica Esterl

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Érase una vez un hombre y una mujer, que tenían un hijo pequeño. Cierta mañana quiso la mujer hornear un panecillo. Mezcló huevos y harina, manteca y leche, y lo amasó todo hasta formar un lindo panecillo redondo. Lo metió en el horno y advirtió al niño: -Quédate aquí a vigilar el horno. Padre y yo vamos a la huerta a sacar unas patatas. Y así lo hicieron, mientras el pequeño se quedaba sentado frente al horno. Al poco, empezaron a sonarle las tripas y a hacérsele la boca agua pensando en lo que doraba allí dentro, así que abrió un poquito la puerta, sólo para olfatear, y entonces… ¿Qué sucedió? Pues que, ¡hop!, el panecillo saltó ágilmente, cayó al suelo y ¡salió a todo correr por la puerta de la casita! Aunque el pequeño lo persiguió a toda carrera, el panecillo era más rápido: corrió y corrió por el camino sin que el niño pudiera darle alcance. A todo esto, los gritos del perseguidor alertaron a sus padres, que tiraron las azadas y se sumaron a la persecución; el p...

El ladrón y la campana –Gianni Rodari

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Un ladrón codiciaba la campana que estaba colgada en la puerta de sus vecinos. Al anochecer, se deslizó cautelosamente hasta esa puerta, extendió la mano e intentó apoderarse de ella.  Pero, al ser movida, comenzó a repicar. El ladrón se asustó sobremanera, dio un salto y escapó. Cuando se repuso del susto, pensó: -Así no puede ser. Tendré que taparme los oídos, para no oír el repique de la campana y no asustarme. Dicho y hecho. Se tapó los oídos con estopa y volvió sobre sus pasos. Se acercó a la puerta, cogió la campana y tiró de ella dos o tres veces hasta que la cuerda se rompió. La campana repicaba, repicaba, y despertó a todos los habitantes de la casa. Pero el ladrón no oía nada, así que escondió la campana bajo su capa y se dispuso a escapar, pero los vecinos se abalanzaron sobre él y el ladrón acabó en prisión. Encerrado en la cárcel, no podía salir de su asombro y pensaba: -¿Cómo habrán hecho esas personas para adivinar que yo quería robarles la campan...

El lobo, la zorra y la nutria –Gianni Rodari

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El lobo, la zorra y la nutria formaron una vez una cooperativa y se dedicaron a criar un cerdo Le llevaban todo lo que encontraban: patatas, nabos, manzanas y peras caídas de los árboles, y disfrutaban por anticipado del día en que matarían al cerdo para comérselo. -Ah, estoy realmente contento con mi cerdo- decía el lobo. -¿Tuyo? ¿Desde cuándo? –se enfadaba la zorra-. ¿Por qué dices siempre <<mi cerdo>>, cuando sabes muy bien que nos pertenece a todos? -Ya veremos, ya veremos a quien le pertenece- afirmaba la nutria. Cuando el cerdo estuvo ya bastante gordo, lo mataron. El lobo hizo lo posible para lanzarse sobre él, mientras la zorra se afilaba los dientes. Pero la nutria exclamó: -Un momento, un momento, mugrientos. ¿Queréis comerlo sin lavarlo siquiera? Mirad que sucias tiene las orejas. Vamos, el río está a unos pocos pasos de aquí. Vayamos a lavarlo y veréis que así estará mucho mejor. El lobo y la zorra admitieron que la nutria tenía razón. Arra...

El matrimonio Codorniz roba una vaca –Gianni Rodari

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Un día, la señora Codorniz le dijo a su esposo, el señor Codorniz: -Oye, ven, hay una vaquilla en el campo. Vamos a robarla. -Vale, vale –dijo el señor Codorniz. Salieron juntos y robaron la vaquilla. La mataron y la llevaron al bosque. -Rápido, rápido –le gritaba la señora Codorniz a su esposo, el señor Codorniz. -Vale, vale –jadeaba el señor Codorniz. Pero la vaquilla pesaba, pesaba mucho. Imaginaos a dos pobres codornices intentando levantarla. Aún hoy, si os detenéis a escucharlas, oiréis cómo hablan las codornices: -Rápido, rápido –dice la hembra. -Vale, vale –responde el macho.