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El asno pecador – Gianni Rodari

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Un día, el león, el leopardo, la hiena y el asno se encontraron y comenzaron a lamentarse por los malos tiempos que estaban viviendo. Hacía meses que no llovía y ni los hombres ni los animales encontraban ya nada de comer. -¿De quién será la culpa? –se preguntaban. -Tal vez alguno de nosotros ha cometido un terrible pecado y por eso ya no llueve. -Ya, seguro que es por eso. -El pecador, deberá confesar, así podremos castigarlo. Y de ese modo, tal vez, volverá a llover. Los animales se pusieron de acuerdo en que así debía hacerse y el primero en confesarse fue el león. -Pobre de mí, soy culpable de una muy mala acción. No hace mucho tiempo descubrí un ternero cerca del pueblo: me abalancé sobre él y me lo comí. Los otros miraron al león, observaron sus patas temibles y sus robustas garras, y finalmente, sacudieron la cabeza: -No, no, ese no es un pecado grave. El leopardo fue el segundo en hablar: -Yo sí soy culpable de una mala acción. No hace mucho tiempo...

De vuelta al fondo del mar

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El buen hombre y los ocho piojos: Gianni Rodari

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Había una vez un buen hombre que tenía siete piojos en la cabeza. Los bichitos vivían allí, en paz y armonía. Cuando el buen hombre dormía, los piojos lo dejaban tranquilo y, cuando estaba despierto, lo incordiaban a más no poder. El buen hombre, por miedo a hacerles daño a sus piojos, no se rascaba nunca. Un día fue a visitar a los siete bichitos el piojo de un perro. -¿Cómo va la vida? -Ah, nosotros estamos muy bien. Vivimos en un buen hombre. Cuando duerme no lo molestamos; cuando está despierto hacemos lo que se nos antoja y él ni siquiera se rasca, porque tiene miedo de hacernos daño. -Si no os parece mal, me quedaré a vivir con vosotros. Y así, los ocho piojos vivieron juntos. Una noche, mientras el buen hombre dormía, el piojo del perro dijo: -Tengo sed. Quiero picar a este buen hombre y beber un poco de su sangre. -No lo hagas –le recomendaron los otros-. El buen hombre se despertará y nos aplastará a todos. Espérate hasta mañana por la mañana. Pero el p...

Filemón y Baucis –Gianni Rodari

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Zeus, el rey de los dioses, y su mensajero Hermes descendieron una vez a la Tierra, disfrazados de pobres peregrinos. Una noche llegaron a una aldea. -Pasaremos la noche aquí –dijo Zeus-. Ve y pregunta si alguno de sus habitantes nos puede alojar. Hermes fue de casa en casa, pero sin éxito. La gente de aquella aldea era huraña, dura de corazón y no quería ni oír hablar de unos pobres peregrinos. Hermes volvió a reunirse con Zeus y le dijo que nadie quería hospedarlos. -Pero ¿has estado realmente en todas las casas? ¿No se te ha olvidado ninguna? -He estado en todas, menos en aquella cabaña situada en la colina. Allí deben de vivir unas personas muy pobres que, sin duda, no nos recibirán. -Haz la prueba, ve –ordenó Zeus. Hermes fue a llamar a la puerta de la pobre cabaña donde vivían Filemón y Baucis. Eran dos pobres viejos que carecían de lo indispensable para vivir y, sin embargo, hospedaron amablemente esa noche a los peregrinos. Incluso no dudaron en prepararles ...

El duende y el tendero –Hans Christian Andersen

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Había un estudiante, y lo era de verdad, que vivía en un desván y no tenía nada de nada. Erase un tendero que también lo era de verdad, vivía en un piso de propiedad y la casa entera era suya. Tenía un duendecillo que nunca se separaba de el porque cada Nochebuena le ofrecía un plato de potaje con una buena cantidad de manteca, que a tanto llegaba la generosidad del tendero; de modo que el duendecillo vivía en la tienda de provisiones a sus anchas. Una noche, el estudiante entró por la trastienda a comprar unas velas y queso. Como no tenía a quien mandar, fue él mismo.  Cuando tuvo lo que necesitaba el tendero y la mujer le dieron las buenas noches con un movimiento de cabeza, y eso que ella era una señora que podía hacer algo más que mover la cabeza, pues estaba dotada de una lengua como hay pocas. El estudiante correspondió con una inclinación, pero de pronto se detuvo leyendo un trozo de papel con que le habían envuelto el queso. Era una hoja arrancada de un libro anti...

Artesanía Freya

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  Buenas tardes!!  Hoy no es día de cuento, pero me paso por aqui para saber como estáis y compartir con vosotros el trabajo de una amiga. Es una chica que conozco desde hace muchos años y hace figuras con impresoras en 3D y las pinta ella. El precio ronda desde los 30€ hasta los 90€ dependiendo de la dificultad y del tamaño. Hace envíos nacionales en España e internacionales también.  Las figuras son preciosas, yo ya le hice un encargo para mis sobrinos y para mi hijo. Cualquier ocasión es perfecta para regalar una figura a algún ser querido, ya sea para un cumpleaños, un bautizo, navidades o reyes. No dudéis en contactar con ella si os gusta alguna o si tenéis alguna en mente. En instagram la encontráis como @_reizol_     Y su correo electrónico es : artesaniafreya@gmail.com Os dejo por aqui las fotos, espero que os guste, y así entre todos nos ayudamos un poco. Que tengáis una bonita semana!

¡Corre, corre, panecillo! –Arnica Esterl

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Érase una vez un hombre y una mujer, que tenían un hijo pequeño. Cierta mañana quiso la mujer hornear un panecillo. Mezcló huevos y harina, manteca y leche, y lo amasó todo hasta formar un lindo panecillo redondo. Lo metió en el horno y advirtió al niño: -Quédate aquí a vigilar el horno. Padre y yo vamos a la huerta a sacar unas patatas. Y así lo hicieron, mientras el pequeño se quedaba sentado frente al horno. Al poco, empezaron a sonarle las tripas y a hacérsele la boca agua pensando en lo que doraba allí dentro, así que abrió un poquito la puerta, sólo para olfatear, y entonces… ¿Qué sucedió? Pues que, ¡hop!, el panecillo saltó ágilmente, cayó al suelo y ¡salió a todo correr por la puerta de la casita! Aunque el pequeño lo persiguió a toda carrera, el panecillo era más rápido: corrió y corrió por el camino sin que el niño pudiera darle alcance. A todo esto, los gritos del perseguidor alertaron a sus padres, que tiraron las azadas y se sumaron a la persecución; el p...