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La paloma y la hormiga
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Aquella era una hermosa mañana de primavera. El sol acababa de asomarse por detrás de las montañas y Dania, una pequeña hormiguita, se dirigía al río para beber agua. Tenía que ser cuidadosa al hacerlo porque, si daba un paso en falso, podía resbalar y caerse al agua. Aunque tuvo mucho cuidado, cuando estaba en lo alto de una brizna de hierba vino una ráfaga de aire que la sacudió con fuerza y ¡plaf!, la pobre Dania cayó al agua. Dania se asustó muchísimo y no sabía qué hacer. Había agua por todas partes y la hormiguita no tenía donde agarrarse. La pobre Dania giraba y giraba sin control alguno. Rápidamente, una paloma que estaba posada sobre la rama de un árbol cercano, arrancó con su pico una de sus hojas y la dejó caer frente a la hormiga para intentar ayudarla. Dania se agarró a la hoja como pudo y se subió encima de ella. Poco a poco la hoja fue flotando y llegó a la orilla, ¡Dania pudo volver a pisar tierra firme! Dania esta...
La zorra y las uvas
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Una tarde de otoño una zorra buscaba algo dulce para comer y así acabar bien el día. De repente, se encontró con un viñedo y exclamó: “¡No me puedo creer la suerte que he tenido, mira qué racimo de uvas tan jugoso!”. Antes de acercarse, miró alrededor y murmuró: “No hay nadie por aquí. Esta será mi oportunidad”. Lo primero que hizo fue ponerse de pie sobre sus patas traseras para intentar alcanzar las uvas, pero no llegaba a ellas: “¡Oh no, están más altas de lo que pensaba!”. Después, se agachó y saltó para tratar de llegar a ellas de un brinco: “¡ Cataplaf !”, sonó al caer. Entonces se levantó del suelo, se sacudió el polvo y respiró hondo. Volvió a saltar y se cayó de nuevo. Ahora le dolía todo el cuerpo y apenas podía ponerse en pie. Levantó la vista hacia las jugosas uvas y murmuró: “Serán para mí”. La zorra retrocedió unos pasos, cogió carrerilla y dio un salto aún mayor, pero volvió a fallar. La zorra miró las uvas y,...
El cuervo sediento
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Un caluroso día de verano, de esos en que el sol abrasa y obliga a todos los animales a resguardarse a la sombra, solamente un cuervo muy sediento volaba bajo el ardiente sol buscando algo para saciar su sed. De repente, vio en el suelo una vasija de barro y cuando se acercó comprobó que tenía dentro un poco de agua. ¡El cuervo estaba muy contento de haber encontrado agua! Realmente tenía mucha sed. Metió su pico dentro, pero el cuello de la vasija era demasiado estrecho y el agua estaba muy abajo, así que no podía alcanzarla. Trató de empujar la vasija para que se inclinara y saliera el líquido, pero era tan pesada que esta ni siquiera se movió ni un poquito. Angustiado y sin saber cómo iba a poder beber, golpeó su cabeza contra uno de los lados de la vasija. El cuervo se puso a pensar en otras opciones hasta que, de repente, tuvo una idea y emocionado dio un salto de alegría. Cogió con su pico algunas piedrecitas y las dejó caer ...
Los hermanos Gruff
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Había una vez tres chivos que eran hermanos y vivían juntos. Lo único que querían era comer hierba y disfrutar de la vida. Un día se dieron cuenta de que poco a poco estaban acabando con los pastos donde se encontraban. Sin saber muy bien qué hacer, vieron a lo lejos un campo con gran cantidad de hierba verde y fresca muy apetecible. Se pusieron muy contentos y emprendieron el viaje hacia aquel lugar. Sin embargo, para poder llegar a aquel campo las cabras tenían que atravesar un largo y estrecho puente que cruzaba sobre un río de aguas profundas. El puente estaba custodiado por un temible trol que vivía bajo sus arcos. El más pequeño e inquieto de los hermanos, Billy Gruff, pensó: “Mira aquellos pastos verdes y deliciosos...Tego que llegar pronto, ¡voy a cruzar ese puente!”. El sonido de sus cascos sobre la piedra despertó al malvado trol. “¿Cómo te atreves a atravesar mi puente sin mi permiso?”, preguntó con voz ronca el guardián. “Quiero cruzar el puente ...