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La venganza del mono
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Había una vez un poderoso emperador que vivía en un gran palacio rodeado de hermosos jardines. En uno de los extremos del palacio estaba la cocina y en el otro un gran establo para caballos y una sala para criar cabras. También tenía un gran jardín donde vivía una gran familia de monos. El emperador era muy aficionado a los animales a los que cuidaba con esmero y nunca les faltaba comida. Sin embargo, una de las cabras era muy codiciosa, y a menudo se colaba en la cocina para robar comida. El cocinero siempre le lanzaba algo para que se marchara. El mono más anciano y sabio del grupo observaba que este gesto se repetía cada día y pensaba: "Esta pelea conducirá a la huida de mis compañeros". Un par de semanas más tarde, la codiciosa cabra, como de costumbre, se volvió a escabullir dentro de la cocina. El cocinero, que estaba preparando un gran convite, se puso furioso y le arrojó un trozo de leña para ahuyentarla. El pelo de la cabra empezó a arder y esta, muerta de mie...
La inteligencia del cordero
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Aquella soleada mañana Nico el cordero pastaba junto al resto de los miembros de su rebaño. El pastor le había colocado al corderito un pequeño cencerro alrededor del cuello que sonaba cada vez que brincaba para saber dónde estaban las ovejas. A lo mejor vio un campo de hierba que tenía un aspecto muy jugoso. "Parece deliciosa", murmuró, haciéndosele la boca agua. Nico fue en busca de aquellos brotes y, sin darse cuenta, se alejó del grupo. De repente, apareció un lobo. El corderito sabía que tenía que pensar en algo rápidamente para intentar salvarse, así que le dijo: "Gran lobo, no me comas todavía. Acabo de alimentarme con un montón de hierba y puede que el sabor de mi carne sea amargo. Espera un poco y entonces estaré mucho más sabroso". El lobo estuvo de acuerdo con sus palabras y se sentó a esperar. Después de un rato, Nico sugirió al lobo: "Si me dejaras bailar, podría digerir la hierba aún más rápido". "En ese caso puedes danzar todo lo que...
La astucia de la liebre
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Había una vez una jungla en la que reinaba un león llamado Simba. El resto de animales que vivían en aquella zona estaban muy preocupados porque el león acababa con más animales de los que podía comer, así que un día se reunieron para hablar del problema Decidieron que debían ir a hablar con él y buscar entre todos una solución. Al día siguiente, los representantes de los animales se reunieron cerca de la guarida del rey. Uno de ellos dio un paso adelante y dijo en voz alta: "Señor, ¿por qué matas tantos animales todos los días cuando solo uno es suficiente para saciar tu hambre? Por favor lleguemos a un acuerdo. A partir de hoy mismo cada día le enviaremos a un animal. Esto le ahorrará la molestia de salir a cazar y nosotros salvaremos nuestras vidas". "¡No es mala idea!", pensó el león para sí mismo. Después les dijo advirtiéndoles: "Sin embargo, si algún día no podéis enviar a un animal, acabaré con todos vosotros". "De acuerdo", contestaron...
El sabio y el tramposo
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Había una vez un gran sabio llamado René que vivía solo en un pueblo. Sus discípulos lo respetaban y le ofrecían muchos regalos. Como él no los utilizaba, decidió ir vendiéndolos. Así, con los años, reunió mucha riqueza. Todo su dinero lo guardaba en una bolsa que nunca apartaba de su vista. Un día un ladrón llamado Jorge, observando a René, se dio cuenta que no perdía de vista aquella bolsa, así que pensó que contendría algo valioso. De esta manera, fue a visitar al sabio a su monasterio. Cuando este apareció, Jorge cayendo a sus pies le dijo: "Oh maestro, muéstrame el camino correcto que me llevará a ser un buen ser humano". El sabio, complacido con el gesto de Jorge, le contestó: " Te aceptaré como mi pupilo. Vivirás en la cabaña que está a la entrada del pueblo. Regarás las plantas y mantendrás limpio el jardín, pero nunca entrarás en mi casa". Jorge le dio las gracias al sabio y se dispuso a llevar a cabo sus tareas. Empezó con mucha diligencia y René estaba m...