En un hermoso campo, rodeado de muchos árboles, había construido una pata su nido. La pata tenía que empollar los huevos y por eso estaba muy quietecita dándoles calor. Por fin se fue rompiendo un huevo tras otro: -¡Pío, pío! –decían los polluelos asomando la cabeza. -¡Cua, cua! –dijo ella. La madre contó a sus pequeños. -Uno, dos, tres, cuatro…. -No, no los tengo todos –exclamó- . Falta todavía el huevo más grande –y volvió a empollar. Al fin se rompió el gran huevo. -¡Pío, pío! –dijo el polluelo y salió rodando. Era enorme y horrible. Mamá pata lo contempló. -Es un patito terriblemente grande –dijo-. No se parece a ningún otro. Veremos si es capaz de nadar. Mamá pata, con toda su familia, bajo hasta el lago. -¡Cua, cua!- dijo y todos los patitos cayeron al agua uno tras otro. -¡Ahora que estáis bien lavaditos. Venid conmigo que os presente en el corral! -¡Qué horror, qué pinta tiene este patito! –susurraron todos los patos cuando vieron al polluelo pesa...
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