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¡Alerta! ¡Bebé ataca! – Fanny Joly –Roser Capdevila

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Me llamo Cecilia, y tengo el mismo pantalón de flores que mamá. Es ella quien lo ha hecho. Cose muy bien. Mi papá también es muy simpático. Cuando le doy chicles hace globos enormes. Además de eso, va al despacho. Trabaja en un banco. El invierno pasado me pasó una cosa alucinante. ¡Tuve un bebé! ¡Uno de verdad! Es mi hermano pequeño. Se llama Germán. Cuando me dijeron que esperaba un bebé al principio tuve miedo. Amigas mal informadas, como la tonta de Alicia, me habían dicho que los bebés son muy pesados, que vomitan, que lloran sin parar, y todo eso. Pero, en el fondo de mi corazón yo sabía que tener un bebé me haría feliz, que iba a alimentarlo y educarlo para que fuera alguien estupendo. Un poco como yo, pero en chico. Poco antes de que llegara, me imaginaba todas las cosas que haríamos juntos. Cocinaríamos juntos. Yo sería la princesa del desierto y él, por ejemplo, una momia… Bailaríamos juntos y yo sería la bailarina estrella, y él me enfocaría con las luces. Cu...

Teo juega en casa –Violeta Denou

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Como hoy es sábado y no hay que ir al colegio, Teo ha decidido quedarse en casa a jugar. -¡Deprisa, está empezando a llover! –dice su madre-. Teo ayúdame a recoger la ropa tendida. Uno de los juegos preferidos de Teo es hacer figuras en el barro. -Yo también quiero jugar –protesta Pablo. -No te preocupes. Ponte esta bata y así no te ensuciarás –le dice su madre. Después de lavarse bien, Teo y Pablo y su prima Clara han invitado a jugar a sus vecinos Ana y Marcos. -¿Falta mucho? –pregunta Teo, impaciente por ver el nuevo peinado que le ha hecho Clara. Después de comer, a Teo se le ha ocurrido una idea. -¿Por qué no vamos al cuarto de mis padres y nos vestimos con sus ropas? -¡Vale! –exclama Pablo, entusiasmado. -¡Calla, Puc! No hagas ruido –le dice Clara. -¡Qué sorpresa se han llevado los padres de Teo! -¿Qué te has puesto en la cabeza? –le pregunta su padre. -¡Ven, Puc! –dice la madre -. ¿De qué te han disfrazado? Clara, Teo y  Pablo se dirigen al colm...

Teo va de vacaciones –Violeta Denou

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Teo y su prima están preparando las maletas para irse unos días de vacaciones. -Mamá, ¿puedo llevarme el payaso? –pregunta Teo ilusionado. -¡Adiós, adiós! Teo y su prima Clara se despiden alegremente de sus padres. -¡Cuántos niños hay aquí! Nos lo pasaremos fenomenal –comentan Teo y Clara. Mientras la monitora les enseña la habitación donde tienen que dormir, todos los niños miran contentos a los recién llegados. <<¡Qué divertido es hacer castillos de arena!>>, piensa Teo. -¿Vienes al agua? –pregunta Clara a su primo. -Acércate, Teo –dice la monitora-. Te enseñaré a nadar. Teo se ha dado una ducha para quitarse la sal, y ahora lava su toalla. Mientras unos niños están escribiendo una carta a sus padres contándoles lo bien que se lo están pasando, Teo está comiendo con gran apetito. ¡Uf! Tengo que levantarla. Cuando le explique a mamá que estoy aprendiendo a navegar sobre tablas de surf, no se lo va a creer, piensa Teo. Hoy Teo se ha quedado sin habla...

La conejita feliz - Cuento mio

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En la parte más alta del bosque había una zona que estaba destapada, donde podía entrar la luz del sol. En esa zona había un montón de casas pequeñas, donde vivían familias de conejos. Había conejos abuelos, padres e hijos. Y sobre todo muchos conejitos pequeños. Tenían todos como tres años más o menos, y todos eran muy preguntones. Estamos en una fecha muy especial: Pascuas. Y he de decir, que los conejos lo celebran como nosotros. Ellos fueron los que dijeron de esconder huevos de colores de diferentes tamaños, por los arbustos, y entre la hierba verde, y entonces los pequeños conejitos se encargaban de buscar los huevos de colores. En la comunidad eran diez conejitos pequeños, y ponían cincuenta huevos para que los pequeños lo busquen. Nuestra pequeña conejita, se llama Judith, y siempre estaba preguntando a sus padres que tenía que hacer porque no tenía buena memoria. Por fin llegó el esperado día de la búsqueda de los huevos de colores. Judith, fue con sus amigos, y entr...

¡Osito! ¿Dónde estás? - Ralph Steadman

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-¡Abue! ¿Qué es un osito de peluche? Busqué a mi alrededor. Era mi nieta, Grace y a su lado su hermanita, Rebecca Scarlet, que a duras penas guardaba el equilibrio, le chupaba el dobladillo del vestido de su vestido de fiesta.  -¿Quieres decir que no sabes lo que es un osito de peluche? -No, nunca he visto un osito de peluche y tampoco Rebecca Scarlet, ¿o sí, Rebecca Scarlet? Rebecca Scarlet volteó a su hermana mayor y continuó chupando la bastilla. -Yo les enseñaré –dije-. Voy a buscar el mío –e inmediatamente subí las escaleras y escudriñé nuestro gran ropero, donde guardo todas las cosas y cositas que creo que algún día necesitaré. “Qué raro”, pensé, “estaba seguro de que mi osito estaría aquí, junto a mis otras cosas. ¡Osito! ¿Dónde estás?” Pero no había rastro del osito por ningún lado. Miré y miré e hice un tiradero. Incluso me metí en el armario por si acaso el osito estuviera escondido en algún rincón oscuro. -A menudo jugábamos a las escondidillas –murm...

El príncipe feliz –Oscar Wilde

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En la parte más alta de la ciudad estaba la estatua del Príncipe Feliz. Estaba revestida de madre selva, de oro fino, rubíes y  zafiros que tenía en el cuerpo. Una noche una golondrina estaba volando,  y se perdió. Entonces paró en la ciudad a descansar, y se posó entre los pies del Príncipe Feliz. Estaba muy cansada y cuando iba a dormir, una gota le cayó encima de su cabecita. Cosa que le extrañó, porque el cielo estaba despejado y no llovía. Entonces miró hacia arriba, y vio al Príncipe Feliz llorando y dijo: -¿Por qué lloráis de ese modo? Casi me habéis empapado. -Cuando yo estaba vivo y tenía un corazón de hombre vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Fui siempre feliz junto a mis compañeros. Así viví y así morí. Y ahora que estoy muerto me  han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de la ciudad. En una viviendo, ahí abajo, hay una mujer que es costurera. Borda pasionarias ...

La pequeña princesita - Cuento mio

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Había una vez una niña muy pequeña de unos cinco añitos,que vivía en un castillo muy grande con sus padres, los Reyes de Suiza. El palacio tenía muchisimas habitaciones, unas 365, y un comedor enorme donde comía ella y sus padres todos los días. Según entrabas por la gran puerta, encontrabas a mano derecha todas las habitaciones del palacio, en fila. A mano izquierda estaban el comedor y en la segunda planta una gran sala de juegos. Tenían un jardín enorme que tenía columpios, y una gran piscina. Pero todo eso, a la niña no le servía de mucho, pues no tenía amiguitos con lo que jugar. Sólo jugaba con sus padres, cuando tenían tiempo, y sino con los sirvientes del castillo. Vivían en un pueblo muy pequeño, en el que había pocas familias, y la niña ni siquiera podía ir al colegio, porque un profesor iba a su casa a enseñarle todo lo necesario: Matematicas, Historia, Lengua etc.. Un buen día se despertó la princesita, y vio que estaba sola como de constumbre, y fue donde...