Entradas

Midas y su peluquero –Juan Kruz Igerabide

Imagen
El rey Midas no quería que nadie se enterase de que tenía orejas de burro. Pero tarde o temprano tendría que cortarse la larga melena, que ya le llegaba por la cintura. Tanteó a un peluquero y a otro, hasta que creyó encontrar uno digno de confianza. <<Este parece discreto>>. Lo mandó llamar y lo recibió en la habitación. Cerró la puerta con llave y habló así al peluquero. -Peluquero: ¿sabes guardar un secreto? -Por supuesto, señor. -Mira que este que te voy a confiar es un secreto muy valioso para mí. -Pierda cuidado, señor: seré una tumba. -Mira que, si lo desvelas, haré que te corten la cabeza. ¿Estás seguro de que deseas que te lo revele? -Estoy deseándolo, salir. Confíe en mí. Midas se echó atrás la cabellera y puso al descubierto sus orejas de burro. El peluquero reprimió a duras penas una carcajada. Cuando se sobrepuso, dijo al rey: -No es para tanto, señor. No hay de qué avergonzarse. -Pues yo me muero de vergüenza, peluquero.   Y como ...

El rey Midas –Juan Kruz Igerabide

Imagen
Dionisos se presentó de improviso, con todo su séquito de juerguistas, en el reino de Midas. El rey Midas organizó de inmediato unas fiestas fastuosas y tiró la casa por la ventana para agasajar a Dionisos, pero gastó demasiado oro y estaba apurado. Con los días se fue obsesionando por el oro. Sin embargo, no por eso dejó de agasajar a Dionisos. El dios, cuando llegó la hora de marcharse a otra parte a correr juergas con sus seguidores, habló a Midas: -Amigo Midas: has sido anfitrión sin par. Pídeme lo que quieras y te lo concederé. -Me gustaría que todo lo que tocara se convirtiese en oro. -Concedido. Sea como tú pides. Dionisos abandonó el reino bailando y cantando. Cuando Midas se quedó solo, comenzó a palparlo todo, loco de alegría. Tocó una ramita y esta se convirtió en oro. Agarró un pedrusco y se convirtió en oro. Rozó una fruta y se convirtió en oro. Abrió una puerta y se convirtió en oro. Se lavó las manos y el agua era de oro. Le trajeron los criad...

Edipo –Juan Kruz Igerabide

Imagen
El rey de Tebas no tenía hijos. Consultó el oráculo, y este le aconsejó: -Para ti, la buena suerte es no tener hijos. Si un día tienes un hijo, sucesos terribles ocurrirán a tu familia. El rey regresó a Tebas aterrado y expulsó a su mujer de la ciudad sin darle explicaciones. La mujer regresó de noche, y se acostó en la cama del rey, mientras este dormía. El rey la volvió a expulsar. Pero a los nueve meses, ella regresó con un niño en brazos. El rey tomó al bebé y lo abandonó en una lejana montaña. Un pastor recogió al niño y le llamó Edipo. Cuando el niño creció, un amigo le comentó: -Oye; tú no te pareces nada a tus padres. Edipo, entonces, acudió al oráculo, y este le exclamó: -¡Apártate de mi altar, malhadado! Por tu culpa, ocurrirán cosas terribles a tu familia. Edipo amaba a sus padres pastores. Aterrado por el oráculo, huyó de casa, y se alejó de los creía que eran sus padres. En un cruce de caminos, vio venir un carro conducido por un hombre importante...

Ladrón en el huerto – Gianni Rodari

Imagen
Una vez, un ladrón se metió en un huerto donde crecían repollos, nabos, zanahorias y muchas hortalizas más. El ladrón iba arrancando todo lo que encontraba a su paso y guardaba parte de lo robado en un saco, parte dentro de su camisa.  Cuando menos se lo esperaba, apareció el jardinero, que lo cogió por el cuello y le gritó: - ¿Qué estás buscando aquí? ¿Y cómo has entrado? - ¿Qué cómo he entrado? –preguntó el ladrón asustado-. Sólo te puedo decir que de repente me encontré aquí. A mediodía se levantó un viento horrible y me trajo volando. - ¿Y quién ha arrancado todas esas hortalizas? -Yo, yo las he arrancado, pero ha sido contra mi voluntad, créeme. El viento me llevaba de un lado para otro; yo intentaba sujetarme a algo, pero me resultó imposible. -Vale, pero ¿quién te ha metido las hortalizas en el saco y dentro de tu camisa? -Es lo que me preguntaba antes de que llegases –respondió el ladrón -. Pero por más que pensaba y pensaba, me he roto la cabeza pensand...

Por qué el cóndor tiene la cabeza calva –Gianni Rodari

Imagen
Al principio, las aves no tenían plumas como hoy. Revoloteaban por el mundo desnudos y eso les daba mucha vergüenza. Además de la vergüenza, en el invierno pasaban mucho frio. Cuando ya no pudieron más, se reunieron en consejo y decidieron suplicarles a los dioses que les concediesen unos vestidos. Los dioses escucharon las súplicas y respondieron: -Hace tiempo que los vestidos están listos para vosotras. Se encuentran amontonados en la cima de una montaña y sólo falta que una vaya a recogerlos por su cuenta. Las aves se miraron unas a otras en silencio, porque nadie se atrevía a emprender un viaje tan largo. El único que no tenía miedo era el cóndor. -Iré yo –exclamó altanero y, sin esperar más, se puso en marcha. Viajó mucho tiempo. Consumió todas las provisiones que llevaba consigo y, por ello, tuvo que alimentarse con lo que encontraba. Más de una vez se vio obligado a alimentarse de carne en mal estado, de carroña. Desde aquella época, no ha perdido ese hábito. ...

Teseo –Juan Kruz Igerabide

Imagen
El rey Egeo de Atenas no podía tener hijos y acudió a la bruja Medea. Esta le dijo: -Yo haré que tengas un hijo. Pero, en compensación, tienes que concederme un favor: si un día mis enemigos me persiguen, debes protegerme. Egeo juró hacerlo. Al cabo de un tiempo, Egeo tuvo un hijo: Teseo, fuerte y valiente desde niño. Con dieciséis años, el muchacho visitó el templo de Apolo y ofreció al dios un pelo de su cabellera, que nunca había cortado. Tenía una fuerza descomunal y levantó una enorme piedra del templo, bajo la cual se escondían unas sandalias y una espada mágica. Teseo era primo de Heracles, otro héroe forzudo, y junto con ese deseaba limpiar el mundo de maleantes y ladrones. Llegó a aquellas tierras un maleante gigantón que se divertía doblando pinos hasta el suelo. A los viajeros que pasaban a su lado, les pedía que le ayudaran a sujetar el pino. De pronto, él soltaba el árbol y la otra persona salía disparada por los aires. El maleante se tronchaba de risa. T...

Dédalo e Ícaro –Juan Kruz Igerabide

Imagen
Dédalo fue arquitecto e inventor, instruido por la propia diosa Atenea. Tenía como discípulo a un sobrino muy listo, que inventó la sierra, imitando la espina dorsal de un pescado. A raíz del invento, el sobrino se hizo más famoso que el propio Dédalo, y este tuvo celos. Un día, Dédalo se llevó consigo a su sobrino a lo alto de un templo construido en honor de Atenea y le mostró el paisaje. -Mira que vistas. El sobrino se acercó al borde para ver mejor. Entonces, Dédalo le dio un empujón y el muchacho se precipitó al vacío. Dédalo bajó corriendo, metió el cuerpo en un saco y lo transportó a un lugar lejano. Cuando la gente le preguntaba que llevaba en el saco, él contestaba: -Voy a enterrar a una serpiente. Pero descubrieron lo que tramaba y tuvo que huir del país. Se llevó consigo a su hijo Ícaro. Así fue como llegó a Creta y entró al servicio del rey Minos y construyó el laberinto. Cuando Minos se enteró de que Dédalo había construido un disfraz de vaca para su ...