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La lista de regalos de Navidad- Cuento mío

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Todos los años concretamente en diciembre, los niños del mundo entero escriben las cartas a “Papá Noel” diciéndole como se portaron a lo largo de ese año, y los regalos que deseaban. Muchos niños piden juguetes, cochecitos o muñecas. Hay algunos que piden una barbaridad de cosas, como bicicleta, tren con su respectiva vía, patines, robots, casas de muñecas, cocinas de juguete equipadas..etc. Y muy pocos son los que dentro de su humildad, piden una sola cosa: que sus papás estén en casa por esas fechas, que haya salud en la familia, o que sus papás sigan juntos, entre otros. Esas cartas las lleva el cartero a la sede desde donde es mandada al Polo Norte. Ahí las reciben todas juntas los ayudantes de Papá Noel, y las clasifican por el tipo de regalos que pidieron. Papá Noel es muy sabio, y se conoce a todos los niños del mundo entero, incluso a los más pequeños. Lleva un registro con todas las cosas que hicieron, tanto buenas como malas, y es el único que puede decir a quién ...

El último trabajo de Heracles- Juan Kruz Igerabide

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Euristeo sabía que solo le quedaba un trabajo por ordenar a Heracles, y luego este ya no le obedecería más. Quiso asegurarse un poderoso guardián y le ordenó: -Tráeme al Can Cerbero, el perro que guarda las puertas del infierno. -¿Pero sabes cómo se pondrá Hades, el rey del Tártaro? -Te lo ordeno. Heracles no podía negarse. Descendió al Tártaro y el barquero Caronte lo pasó al otro lado del río del infierno, temblando de miedo.   Eso le costaría al barquero un año de castigo, encadenado a la puerta del infierno, por orden de Hades. Heracles quería llevar a cabo su último trabajo con todas las de la ley. Así que entró en el Tártaro y se presentó ante Hades. -Hades: quiero llevarme al Can Cerbero. Hades no se lo impidió. -Tuyo es, si logras vencerlo a mano desnuda. Heracles corrió hacia el perro de tres cabezas y se las estrujó entre ambas manos. Cerbero levantó la cola para pincharlo con su aguijón, pero no pudo traspasar la piel de león que cubría a He...

Heracles en España- Juan Kruz Igerabide

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El décimo trabajo de Heracles consistió en quitarle los bueyes a Gerión, rey de Tartesos, antiguo nombre del río Guadalquivir. El gigantesco Gerión tenía tres cabezas, seis brazos y tres torsos que brotaban de su cintura. Allí donde el mar se estrechaba, en el actual Estrecho de Gibraltar, Heracles colocó dos gigantescas columnas, una en la parte de África y otra en la parte de Europa, para que nadie pasara más allá. Encontró dos bueyes y también a Gerión. De un flechazo, le atravesó los tres torsos y lo dejó inmóvil.   Acto seguido, regresó con los bueyes por tierra; atravesó España, los Pirineos (donde se enamoró por un día de la princesa Pirene), la Galia y los Alpes, donde fue atacado por incontables ladrones. Se quedó agotado y sin flechas y por primera vez en su vida se echó a llorar. Entonces, Zeus dejó caer del cielo gran cantidad de piedras y con ellas ahuyentó Heracles a los ladrones. Un monstruo de tres cabezas, llamado Caco, le robó los dos mejores bueye...

Heracles y las aves de bronce –Juan Kruz Igerabide

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Unas aves devoradoras de humanos estaban sembrando el pánico por todo el territorio. Tenían picos, garras y alas de bronce y devoraban a todo ser humano que encontraban a su paso. Incubaban sus huevos cerca de un lago, para reproducirse. Además, en pleno vuelo, dejaban caer plumas de bronce, originando una pesada y peligrosa lluvia que hería y mataba seres vivos y destruía cosechas. Heracles nada pudo hacer con sus flechas; vigiló el lago, escondido tras unas rocas. La diosa Atenea se le acercó por detrás, le regaló dos timbales y desapareció. Al atardecer, todas las aves se congregaron a la orilla del lago, a descansar. De repente, Heracles hizo sonar los timbales, que retumbaron por todo el valle como una furiosa tormenta. Las aves volaron en desbandada y chocaron entre sí, cayeron en picado y se hicieron trizas contra las rocas del suelo o se ahogaron en el lago. A las pocas que se libraron, Heracles las atacó con su clava, lanzando terribles alaridos que las dejaban par...

Heracles e Hidra- Juan Kruz Igerabide

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Euristeo llamó a Heracles y le ordenó un segundo trabajo: -Un terrible monstruo está asolando nuestras tierras. Se llama Hidra. Suele descansar bajo un platanero a la orilla de siete fuentes y luego se refugia en una cueva y nada por un lago de gran profundidad. Se alimenta de los incautos que se acercan al lado o a la cueva. Los devora de un bocado. -¿Y qué aspecto tiene? –preguntó Heracles. -Tiene cuerpo de perro, con nueve cabezas de serpientes. Acumula tanto veneno, que puede matar a cualquiera con su aliento. Heracles se acercó al platanero de las siete fuentes y no halló a Hidra. Observó el lago y no vio señales del monstruo. Entonces, agarró sus flechas, encendió las puntas y de lejos incendió la cueva en la que suponía que se refugiaba el monstruo. Este se asomó silbando amenazante. Heracles se tapó las narices y la boca con una mano, y con la otra agarró la clava y aplastó siete de las cabezas de Hidra, reteniendo la respiración. Pero por cada cabeza que ap...

Heracles (Hércules para los romanos)- Juan Kruz Igerabide

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La madre de Heracles, cuando este nació, perdió la cabeza: confundió al niño con un pedrusco y lo abandonó en un prado. -Ahí te quedas, pedrusco. Zeus, paseando con su esposa Hera por dicho prado, vio al niño y exclamó: -¡Oh, que niño más hermoso! Seguro que su madre ha perdido la razón para abandonarlo en este lugar. Ven, Hera, ven. Tú que tienes leche, ¿Por qué no lo amamantas? Hera tomó en brazos al bebé y notó en aquel cuerpecito una fuerza extraordinaria. Le ofreció un pecho y Heracles chupó tan fuerte que Hera dio un grito y lo arrojó al suelo. Del pecho de Hera brotó un río de leche que ascendió al cielo. Fue así como se formó la Vía Láctea. En poco tiempo, Heracles se hizo mayor. Sus ojos emanaban fuego y era un luchador colosal; llevaba una clava, una especie de garrote con punta de hierro, con la que aterrorizaba a sus enemigos. Sin embargo, era también sensible y tocaba la lira y estudiaba astronomía y filosofía; tenía buen corazón y respetaba a la gent...

Midas y su peluquero –Juan Kruz Igerabide

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El rey Midas no quería que nadie se enterase de que tenía orejas de burro. Pero tarde o temprano tendría que cortarse la larga melena, que ya le llegaba por la cintura. Tanteó a un peluquero y a otro, hasta que creyó encontrar uno digno de confianza. <<Este parece discreto>>. Lo mandó llamar y lo recibió en la habitación. Cerró la puerta con llave y habló así al peluquero. -Peluquero: ¿sabes guardar un secreto? -Por supuesto, señor. -Mira que este que te voy a confiar es un secreto muy valioso para mí. -Pierda cuidado, señor: seré una tumba. -Mira que, si lo desvelas, haré que te corten la cabeza. ¿Estás seguro de que deseas que te lo revele? -Estoy deseándolo, salir. Confíe en mí. Midas se echó atrás la cabellera y puso al descubierto sus orejas de burro. El peluquero reprimió a duras penas una carcajada. Cuando se sobrepuso, dijo al rey: -No es para tanto, señor. No hay de qué avergonzarse. -Pues yo me muero de vergüenza, peluquero.   Y como ...