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Una princesa caprichosa - Cuento mío

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  Dana, era una niña que nació con el pan bajo el brazo, en una familia de cuna. Era la hija del rey José del reino de Cartagena. Desde pequeña tuvo todo. Salud, mucho amor y cariño, pero también muchos caprichos innecesarios. Lo único que hacía era pedir y pedir todo lo que llegaba al mercado, y los más nuevo de Europa. Ella tenía que ser la primera en llevar los atuendos más bonitos y más caros, en lucir joyería y accesorios modernos para el cabello. Quería ser la primera en todo, en las actividades de la escuela, en los deportes, incluso aprendió a cocinar junto a la doncella para presumir en los festivales que había en la región. Sus padres la querían con locura, pues era su única hija. Le cumplían todos sus caprichos, y la dejaban hacer lo que fuera.   Aprendió a cocinar platos súper deliciosos, y hacía una buena presentación para su público. La gente de la zona siempre la adulaban por su gran esfuerzo. Lo único que le faltaba a Dana eran amigos. P...

Un elefante en la selva amazónica- Cuento mío

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En la selva del Amazonas había muchos tipos de animales, perezosos, caimanes, serpientes, monos araña, chimpancés, gorilas, osos hormigueros, muchos tipos de insectos y reptiles entre otros. Había un pequeño grupo de elefantes que fueron llevados desde África a un zoológico de la zona, pero consiguieron escapar.   Eran dos familias, mamá, papá y bebés. Los elefantes se diferenciaban por su color de piel. Tres de esos elefantes eran de color gris claro, y los otros eran gris oscuro. Los bebés de las dos familias eran macho y hembra, y tenían más o menos la misma edad. El chico se llamaba Saúl, y la chica era Nyla. Se criaron como hermanos, aunque con el paso de los años se fueron haciendo muy buenos amigos. Pasaban muy buenos momentos juntos, aventuras infinitas en la selva. A veces incluso llegaron a estar en peligro y los tuvieron que ayudar sus amigos los orangutanes. Llevaban muchos años explorando en la selva, se conocían cada rincón de aquel lugar maravil...

Budy, el perro travieso- Cuento mío

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Budy era un cachorro de apenas unos meses que vivía en una mansión con sus dueños. No tenía una raza propia, porque era el resultado de una mezcla. Pero era el perro más guapo del mundo. Tenía un pelaje suave, y muy tupido, de color canela. Sus orejas eran larguitas y con manchitas blancas. La mansión donde vivía se encontraba en un pequeño pueblo, a las afueras de Toledo. Lo habitaban pocas personas, la mayoría gente ya mayor que vivían el campo. Y Budy era el perrito más querido por todos. Sus dueños lo sacaban a pasear y todos los abuelitos     que había por la calle se agachaban como podían para acariciarlo y darle mimos. Pero Budy se acostumbró demasiado a ser mimado y aprovechaba eso a su favor. Así era que cuando sus dueños marchaban a trabajar y lo dejaban solo en casa, corría por todas partes, ladraba sin parar, hacía sus necesidades en el parquet, se escondía en las habitaciones, entre otras cosas. Y sus dueños cuando llegaban del trabajo se enc...

La lista de regalos de Navidad- Cuento mío

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Todos los años concretamente en diciembre, los niños del mundo entero escriben las cartas a “Papá Noel” diciéndole como se portaron a lo largo de ese año, y los regalos que deseaban. Muchos niños piden juguetes, cochecitos o muñecas. Hay algunos que piden una barbaridad de cosas, como bicicleta, tren con su respectiva vía, patines, robots, casas de muñecas, cocinas de juguete equipadas..etc. Y muy pocos son los que dentro de su humildad, piden una sola cosa: que sus papás estén en casa por esas fechas, que haya salud en la familia, o que sus papás sigan juntos, entre otros. Esas cartas las lleva el cartero a la sede desde donde es mandada al Polo Norte. Ahí las reciben todas juntas los ayudantes de Papá Noel, y las clasifican por el tipo de regalos que pidieron. Papá Noel es muy sabio, y se conoce a todos los niños del mundo entero, incluso a los más pequeños. Lleva un registro con todas las cosas que hicieron, tanto buenas como malas, y es el único que puede decir a quién ...

El último trabajo de Heracles- Juan Kruz Igerabide

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Euristeo sabía que solo le quedaba un trabajo por ordenar a Heracles, y luego este ya no le obedecería más. Quiso asegurarse un poderoso guardián y le ordenó: -Tráeme al Can Cerbero, el perro que guarda las puertas del infierno. -¿Pero sabes cómo se pondrá Hades, el rey del Tártaro? -Te lo ordeno. Heracles no podía negarse. Descendió al Tártaro y el barquero Caronte lo pasó al otro lado del río del infierno, temblando de miedo.   Eso le costaría al barquero un año de castigo, encadenado a la puerta del infierno, por orden de Hades. Heracles quería llevar a cabo su último trabajo con todas las de la ley. Así que entró en el Tártaro y se presentó ante Hades. -Hades: quiero llevarme al Can Cerbero. Hades no se lo impidió. -Tuyo es, si logras vencerlo a mano desnuda. Heracles corrió hacia el perro de tres cabezas y se las estrujó entre ambas manos. Cerbero levantó la cola para pincharlo con su aguijón, pero no pudo traspasar la piel de león que cubría a He...

Heracles en España- Juan Kruz Igerabide

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El décimo trabajo de Heracles consistió en quitarle los bueyes a Gerión, rey de Tartesos, antiguo nombre del río Guadalquivir. El gigantesco Gerión tenía tres cabezas, seis brazos y tres torsos que brotaban de su cintura. Allí donde el mar se estrechaba, en el actual Estrecho de Gibraltar, Heracles colocó dos gigantescas columnas, una en la parte de África y otra en la parte de Europa, para que nadie pasara más allá. Encontró dos bueyes y también a Gerión. De un flechazo, le atravesó los tres torsos y lo dejó inmóvil.   Acto seguido, regresó con los bueyes por tierra; atravesó España, los Pirineos (donde se enamoró por un día de la princesa Pirene), la Galia y los Alpes, donde fue atacado por incontables ladrones. Se quedó agotado y sin flechas y por primera vez en su vida se echó a llorar. Entonces, Zeus dejó caer del cielo gran cantidad de piedras y con ellas ahuyentó Heracles a los ladrones. Un monstruo de tres cabezas, llamado Caco, le robó los dos mejores bueye...

Heracles y las aves de bronce –Juan Kruz Igerabide

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Unas aves devoradoras de humanos estaban sembrando el pánico por todo el territorio. Tenían picos, garras y alas de bronce y devoraban a todo ser humano que encontraban a su paso. Incubaban sus huevos cerca de un lago, para reproducirse. Además, en pleno vuelo, dejaban caer plumas de bronce, originando una pesada y peligrosa lluvia que hería y mataba seres vivos y destruía cosechas. Heracles nada pudo hacer con sus flechas; vigiló el lago, escondido tras unas rocas. La diosa Atenea se le acercó por detrás, le regaló dos timbales y desapareció. Al atardecer, todas las aves se congregaron a la orilla del lago, a descansar. De repente, Heracles hizo sonar los timbales, que retumbaron por todo el valle como una furiosa tormenta. Las aves volaron en desbandada y chocaron entre sí, cayeron en picado y se hicieron trizas contra las rocas del suelo o se ahogaron en el lago. A las pocas que se libraron, Heracles las atacó con su clava, lanzando terribles alaridos que las dejaban par...